viernes, 9 de octubre de 2009

de Friedrich Wilhelm Nietzsche (3):

Friedrich Wilhelm Nietzsche
1844 - 1900
Poeta, Filósofo y Pensador Alemán
Así habló Zaratustra
El convaleciente
(fragmentos)

2

"Todo va, todo vuelve; eternamente rueda la rueda del ser. Todo muere, todo vuelve a florecer, eternamente corre el año del ser.
Todo se rompe, todo se recompone; eternamente la misma casa del ser se reconstruye a sí misma. Todo se despide, todo vuelve a saludarse; eternamente permanece fiel a sí el anillo del ser.
En cada instante comienza el ser; en torno a todo ‘aquí’ gira la esfera ‘allá’. El centro está en todas partes. Curvo es el sendero de la eternidad”.-

“Eternamente retorna él, el hombre del que estás cansado, el hombre pequeño”

“¡Ay, el hombre retorna siempre! ¡El hombre pequeño retorna siempre!”

"Pues tus animales saben bien, oh Zaratustra, quién eres tú y quién tienes que llegar a ser: tú eres el maestro del eterno retorno, -¡ese es tu destino!
El que tengas que ser el primero en enseñar esta doctrina, -¡cómo no iba a ser ese gran destino también tu máximo peligro y tu máxima enfermedad!
Mira, nosotros sabemos lo que tú enseñas: que todas las cosas retornan eternamente, y nosotros mismos con ellas, y que nosotros hemos existido ya infinitas veces, y todas las cosas con nosotros.
Tú enseñas que hay un gran año del devenir, un monstruo de gran año: una y otra vez tiene éste que darse la vuelta, lo mismo que un reloj de arena, para volver a transcurrir y a vaciarse:-
de modo que todos estos años son idénticos a sí mismos, en lo más grande y también en lo más pequeño.
Y si tú quisieras morir ahora, oh Zaratustra: mira, también sabemos cómo te hablarías entonces a ti mismo: - ¡más tu animales te piden que no mueras todavía!
Hablarías sin temblar, antes bien dando un aliviador suspiro de bienaventuranza: ¡pues una gran pesadez y un gran sofoco se te quitarían de encima a ti el más paciente de todos los hombres! -
Pero el nudo de las causas, en el cual yo estoy entrelazado, retorna, -¡él me creará de nuevo! Yo mismo formo parte de las causas del eterno retorno.
Vendré otra vez, con este sol, con esta tierra, con este águila, con esta serpiente -no a una vida nueva o a una vida mejor o a una vida semejante:
-vendré eternamente de nuevo a esta misma e idéntica vida, en lo más grande y también en lo más pequeño, para enseñar de nuevo el eterno retorno de todas las cosas. -
-para decir de nuevo la palabra del gran mediodía de la tierra y de los hombres, para volver a anunciar el superhombre a los hombres".


* * *


El eterno retorno es una concepción filosófica del tiempo postulada, por primera vez en el año 1883 por Friedrich Wilhelm Nietzsche, en su libro "Así habló Zaratustra".
En el "eterno retorno", como en una visión lineal del tiempo, los acontecimientos siguen reglas de causalidad. Hay un principio del tiempo y un fin que vuelve a generar a su vez un principio. Sin embargo, a diferencia de la visión cíclica del tiempo, no se trata de ciclos ni de nuevas combinaciones en otras posibilidades, sino que los mismos acontecimientos se vuelven a repetir en el mismo orden, tal cual ocurrieron, sin ninguna posibilidad de variación.
La idea del eterno retorno se refiere a un concepto circular de la historia o los acontecimientos. La historia no sería lineal, sino cíclica. Una vez cumplido un ciclo de hechos, estos vuelven a ocurrir con otras circunstancias, pero siendo, básicamente, semejantes.
En su obra La gaya ciencia Nietzsche plantea que no sólo son los acontecimientos los que se repiten, sino también los pensamientos, sentimientos e ideas, vez tras vez, en una repetición infinita e incansable.
“Obra de modo que un horizonte de infinitos retornos no te intimide; elige de forma que si tuvieras que volver a vivir toda tu vida de nuevo, pudieras hacerlo sin temor” Nietzsche, en su teoría del eterno retorno, nos enseña sólo una cosa: el hombre logrará transformarse en el "superhombre" cuando logre vivir sin miedo.
Es propio del pensamiento occidental la idea de que el progreso es indefinido y siempre hacia adelante, sin embargo, en otros sistemas filosóficos, como los orientales, se encuentra la idea de ciclos que se van perfeccionando, retornando eternamente hasta alcanzar la forma perfecta tras muchas fases erróneas.

jueves, 8 de octubre de 2009

de Friedrich Wilhelm Nietzsche (2):

Friedrich Wilhelm Nietzsche
1844 - 1900
Poeta, Filósofo y Pensador Alemán
Así habló Zaratustra
De las tres transformaciones


Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin en niño.
Hay muchas cosas pesadas para el espíritu, para el espíritu fuerte, paciente, en el que habita la veneración: su fortaleza demanda cosas pesadas, e incluso las más pesadas de todas.
¿Qué es pesado? así pregunta el espíritu paciente, y se arrodilla, igual que el camello, y quiere que se le cargue bien.
¿Qué es lo más pesado héroes? así pregunta el espíritu paciente, para que yo cargue con ello y mi fortaleza se regocije.
¿Acaso no es: humillarse para hacer daño a la propia soberbia? ¿Hacer brillar la propia tontería para burlarse de la propia sabiduría?
¿O acaso es: apartarnos de nuestra causa cuando ella celebra su victoria? ¿Subir a altas montañas para tentar al tentador ?
¿O acaso es: alimentares de las bellotas y de la hierba del conocimiento y sufrir hambre en el alma por amor a la verdad?
¿O acaso es: estar enfermo y enviar a paseo a los consoladores, y hacer amistad con sordos, que nunca oyen lo que tú quieres?
¿O acaso es: sumergirse en agua sucia cuando ella es el agua de la verdad, y no apartar de si las frías ranas y los calientes sapos?
¿O acaso es: amar a quienes nos desprecian y tender la mano al fantasma cuando quiere causarnos miedo?
Con todas estas cosas, las más pesadas de todas, carga el espíritu paciente: semejante al camello que corre al desierto con su carga, así corre él a su desierto.
Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa, y ser señor en su propio desierto.
Aquí busca a su último señor: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios, con el gran dragón quiere pelear para conseguir la victoria.
¿Quién es el gran dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios? “Tú debes” se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice “yo quiero”.
“Tú debes” le cierra el paso, brilla como el oro, es un animal escamoso, y en cada una de sus escamas brilla áureamente el “¡Tú debes!”.
Valores milenarios brillan en esas escamas, y el más poderoso de todos los dragones habla así: “todos los valores de las cosas -brillan en mí”.
“Todos los valores han sido ya creados, y yo soy -todos los valores creados. ¡En verdad, no debe seguir habiendo ningún 'Yo quiero!'”. Así habla el dragón.
Hermanos míos, ¿para qué se precisa que haya el león en el espíritu? ¿Por qué no basta la bestia de carga, que renuncia a todo y es respetuosa?
Crear valores nuevos -tampoco el león es aún capaz de hacerlo: mas crearse libertad para un nuevo crear- eso si es capaz de hacerlo el poder del león.
Crearse libertad y un no santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso el león.
Tomarse el derecho de nuevos valores -ése es el tomar más horrible para un espíritu paciente y respetuoso. En verdad, eso es para él robar, y cosa propia de un animal de rapiña.
En otro tiempo el espíritu amó el “tú debes” como su cosa más santa: ahora tiene que encontrar ilusión y capricho incluso en lo más santo, de modo que robe el quedar libre de su amor: para ese robo se precisa el león.
Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacerlo? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño?
Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.
Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir si: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.
Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtió en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño.

* * *

En su libro “Así habló Zaratustra”, Nietzsche nos habla de las tres transformaciones del espíritu: de cómo el espíritu se transforma en camello, el camello en león y, finalmente el león en niño.
El camello representa la moral del rebaño, la conducta de los que siguen a la mayoría, de aquellos que siguen las normas morales y respetan los valores preestablecidos. Su característica básica es la humildad, la mansedumbre, la prudencia; el saber soportar con paciencia las pesadas cargas, la carga de la moral, del resentimiento hacia la vida. Simboliza el sometimiento.
El león representa el hombre crítico, que destruye los valores creados y establecidos por los otros. Simboliza la rebelión.
Y finalmente el niño representa al hombre que sabe de la inocencia del devenir, que inventa valores, que toma la vida como un juego. Es un santo “sí” al deber. Simboliza a la propia voluntad.



de Friedrich Wilhelm Nietzsche (1):

Friedrich Wilhelm Nietzsche
1844 - 1900
Poeta, Filósofo y Pensador Alemán
Así habló Zaratustra
Prólogo de Zaratustra
3

Cuando Zaratustra llegó a la primera ciudad, situada al borde de los bosques, encontró reunida en el mercado una gran muchedumbre: pues estaba prometida la exhibición de un volatinero. Y Zaratustra habló así al pueblo:

Yo os enseño el superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo?
Todos los seres han creado hasta ahora algo por encima de ellos mismos: ¿y queréis ser vosotros el reflujo de esa gran marea, y retroceder al animal más bien que superar al hombre?
¿Qué es el mono para el hombre? Una irrisión o una vergüenza dolorosa. Y justo eso es lo que el hombre debe ser para el superhombre: una irrisión o una vergüenza dolorosa.
Habéis recorrido el camino que lleva desde el gusano hasta el hombre, y muchas cosas en vosotros continúan siendo gusano. En otro tiempo fuisteis monos, y aun ahora es el hombre más mono que cualquier mono.
Y el más sabio de vosotros es tan sólo un ser escindido, híbrido de planta y fantasma. Pero ¿os mando yo que os convirtáis en fantasmas o en plantas?
¡Mirad, yo os enseño el superhombre!
El superhombre es el sentido de la tierra. Diga vuestra voluntad: ¡sea el superhombre el sentido de la tierra!
¡Yo os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenenadores, lo sepan o no.
Son despreciadores de la vida, son moribundos y están, ellos también, envenenados, la tierra está cansada de ellos: ¡ojalá desaparezcan!


Del hombre superior

Vosotros hombres superiores, aprended esto de mí: en el mercado nadie cree en hombres superiores. Y si queréis hablar allí, ¡bien! Pero la plebe dirá parpadeando «todos somos iguales».
«Vosotros hombres superiores, -así dice la plebe parpadeando- no existen hombres superiores, todos somos iguales, el hombre no es más que hombre, ¡ante Dios todos somos iguales!».
¡Ante Dios! - Mas ahora ese Dios ha muerto. Y ante la plebe nosotros no queremos ser iguales. ¡Vosotros hombres superiores, marchaos del mercado!

2

¡Ante Dios! - ¡Mas ahora ese Dios ha muerto! Vosotros hombres superiores, ese Dios era vuestro máximo peligro.
Sólo desde que él yace en la tumba habéis vuelto vosotros a resucitar. Sólo ahora llega el gran mediodía, sólo ahora se convierte el hombre superior - ¡en señor!
¿Habéis entendido esta palabra, oh hermanos míos? Estáis asustados: ¿sienten vértigo vuestros corazones? ¿Veis abrirse aquí para vosotros el abismo? ¿Os ladra aquí el perro infernal?
¡Bien! ¡Adelante! ¡Vosotros hombres superiores! Ahora es cuando la montaña del futuro humano está de parto. Dios ha muerto: ahora nosotros queremos -que viva el superhombre.

3

Los más preocupados preguntan hoy: «¿Cómo se conserva el hombre?» Pero Zaratustra pregunta, siendo el único y el primero en hacerlo: «¿Cómo se supera al hombre?»

* * *
"Dios ha muerto" es una frase simbólica dolorosa, que sirve como expresión de una de las figuras del Espíritu, denominada "Conciencia desventurada": "es el destino trágico que reúne a todos aquellos dioses individuales y a todos aquellos atributos de la substancia en un panteón, en el espíritu autoconsciente como espíritu".
Es una figura o momento espiritual, que simboliza la liberación del espíritu de las formas anquilosadas en las que estaba preso por los diversos órdenes mitológicos y teocráticos, que se aglutinaron en el Imperio romano.
"Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Como podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído se ha desangrado bajo nuestros cuchillos: ¿quién limpiará esta sangre de nosotros? ¿Que agua nos limpiará? ¿Qué rito expiatorio, qué juegos sagrados deberíamos inventar? ¿No es la grandeza de este hecho demasiado grande para nosotros? ¿Debemos aparecer dignos de ella?"
La muerte de Dios es la metáfora del hombre futuro, es la imagen del hombre nuevo, es la figura del superhombre. El nacimiento del superhombre sólo es posible cuando se prescinda absolutamente de la creencia en Dios, es decir solamente cuando se realice hasta el final la "muerte de Dios".
El hombre al que hay que superar es el que se somete a los valores tradicionales, a la "moral del rebaño", a la moral basada en la creencia de una realidad trascendente que fomenta el desprecio por la vida terrenal, la corporeidad y la diferencia entre las personas.
En conclusión, la idea del superhombre nietzscheana es una afirmación enérgica de la vida; es el creador y dueño de sí mismo y de su vida; es un espíritu libre e independiente.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

de la Historia de la Estupidez Humana (2):

Figura: Paul Tabori.

El prejuicio constituye ciertamente una de las formas más notables de la estupidez. Ranyard West, en su Psychology and World Order, resume perfectamente las características de este fenómeno:
“El prejuicio es universal. Su fundamento es la humana necesidad de respeto. Son muchos los medios por los cuales la mente humana puede esquivar los hechos; no existen, en cambio, recursos que permitan anular el deseo de aprobación. Los hombres y las mujeres necesitan tener elevada opinión de sí mismos. Y con el fin de alcanzar este objetivo, es preciso que nos disimulemos de mil modos distintos la realidad de los hechos. Negamos, olvidamos y justificamos nuestras propias faltas y exageramos las faltas ajenas”.
Pero esto es sólo el fundamento del prejuicio. Si, por ejemplo, creemos que todos los franceses son libertinos, todos los negros negados mentales, y todos los judíos usureros, sólo de un modo vago e indefinido podemos atribuir estas posturas al “deseo de autorrespeto”. Después de todo, es posible tener elevada opinión de nosotros mismos sin rebajar al prójimo.
El prejuicio racial, quizás la forma más común de este matiz de la estupidez, es más ó menos universal. Así lo afirma G.M.Stratton en su Social Psychology of Internacional Conduct (1929) y agrega que “es característico de la naturaleza humana este tipo particular de prejuicio”. Subraya, además, otros dos importantes aspectos:
“A pesar de su universalidad, rara vez ó nunca es innato el prejuicio racial. No nace con el individuo. Los niños blancos, por ejemplo, no demuestran prejuicios contra los de color, ó contra las niñeras negras, hasta que los adultos se encargan de influirlos en este sentido”. (Concepto expresado con más concisión y belleza por Oscar Hammerstein en la famosa canción de South Pacific: “Es necesario que te enseñen a odiar…”).
Finalmente, dice G.M.Stratton: “Este universal y adquirido prejuicio “racial”, en realidad nada tiene de racial. Puede observarse que no guarda relación con las caracteísticas raciales; ni siquiera con las diferencias que existen entre diversos núcleos humanos, sino pura y exclusivamente con el sentimiento de una amenaza colectiva…El llamado prejuicio “racial” es en realidad una mera reacción biológica del grupo a una pérdida experimentada ó inminente, una reacción que no es innata, sino fruto de la tradición, renovada por las vivencias de nuevos perjuicios sufridos”.
Por lo menos superficialmente esta explicación parece bastante razonable, y armoniza con la teoría del Dr. Feldmann, según la cual toda forma de estupidez es expresión de temor.
Pero quizás la cosa no sea tan sencilla. Pues si el prejuicio racial (expresión principal de esta forma particular de imbecilidad) es simplemente asunto de “amenaza colectiva”, ¿cómo se explica que lo padezcan personas que ni remotamente sufren la amenaza de negros, chinos ó judíos? En cambio, la regla tiene gran número de excepciones allí donde la amenaza efectivamente existe…ó por lo menos parece existir. A pesar de las opiniones del eminente Sr. Stratton, creo que la actitud de los que alientan prejuicios raciales ó de cualquier otra naturaleza presupone una condición mental a la que debemos denominar estupidez, aunque solo sea por falta de palabra más apropiada. No es innata – en esto podemos coincidir con el autor de Social Psychology of Internacional Conduct – y no es natural . Pero aunque ningún individuo se halle completamente liberado de prejuicios, el efecto de sus prejuicios sobre sus actos lo convierte en un estúpido reaccionario ó hace de él un ser humano equilibrado. En otras palabras, el hombre discreto ó inteligente podrá sublimar ó superar sus prejuicios; el estúpido será inevitablemente presa de ellos.
En términos generales, el prejuicio es ente pasivo. Quizás odiemos a todos los galeses, pero ello no significa que saldremos a la calle y acometeremos a puñetazos al primero de ellos que encontremos…aunque estuvierámos seguros de hacerlo con impunidad. En cambio, la intolerancia es casi siempre activa. El prejuicio es un motivo; la intolerancia es una fuerza propulsora. No fue prejuicio lo que impulsó a las diversas iglesias cristianas a exterminarse mutuamente los fieles; fue la intolerancia. Aquí, naturalmente, la historia es depositaria de una ancha veta de estupidez. El hombre de prejuicios podrá negarse a vivir entre irlandeses ó japoneses; el intolerante negará que los irlandeses ó japoneses tengan siquiera derecho a vivir. A menudo, ambas formas de estupidez coexisten, ó una de ellas determina el desarrollo de la otra. El hombre de prejuicios quizás se rehúse a enviar sus niños a escuelas abiertas a alumnos de cualquier raza; el intolerante hará cuanto esté a su alcance para suprimirlas.
La ignorancia, ¿es otra forma de estupidez?. Desde cierto punto de vista, sí… del mismo modo que la fiebre es parte de la enfermedad, sin ser la enfermedad misma. Ya hemos demostrado que el ignorante no es necesariamente estúpido, ni el estúpido es siempre ignorante. Pero ambas condiciones no pueden ser separadas absolutamente. A igualdad de posibilidades de educación, no es difícil determinar la línea que separa la estupidez de la ignorancia. El niño ó adulto estúpidos aprenden dificultosamente conceptos útiles, aunque aprendan de corrido versos en latín ó las fechas de las batallas. Por consiguiente, la estupidez alimenta y presupone la ignorancia; la condición aguda se convierte en crónica.
Estas tres formas ó manifestaciones de la estupidez no son sino las más universales ó comunes. La fatuidad ó locura, la inconsecuencia y el fanatismo podrían ser objeto de diagnóstico y descripción separados, como los ingredientes tóxicos de un veneno complejo.

lunes, 14 de septiembre de 2009

de la Historia de la Estupidez Humana (1):

Figura: Paul Tabori

El Dr. Alexander Feldmann, uno de los más eminentes discípulos de Sigmund Freud dice: …“ Contrástase siempre la estupidez, con la sabiduría. El sabio, es el que conoce la causa de las cosas. El estúpido las ignora”.
Desde este punto de vista, la famosa frase de Oscar Wilde conserva su validez: “No hay más pecado, que el de la estupidez”. Pues la estupidez es, en considerable proporción, el pecado de omisión, la perezosa y a menudo voluntaria negativa a utilizar lo que la naturaleza nos ha dado, ó la tendencia a utilizarlo erróneamente.
¿Qué es entonces un estúpido? El "ser humano”, dice el Dr. Feldmann, “a quién la naturaleza le ha suministrado órganos sanos, y cuyo instrumento raciocinante carece de defectos, a pesar de lo cual no sabe usarlo correctamente".
El defecto reside, por lo tanto, no en el instrumento, sino en el usuario; el ser humano, el "ego humano", que utiliza y dirige el instrumento.
El pensamiento humano, es esencialmente una inhibición; y si domina la vida espiritual del individuo, puede determinar la parálisis total de las emociones.
En su condición de seres emocionales, todos los hombres son iguales. Por consiguiente, el hombre estúpido es tal porque no quiere ó no se atreve a expresar su propio yo; ó porque su aparato pensante se ha paralizado, de modo que no es apto para la autoexpresión, de modo que el individuo no puede oír las directivas impartidas por sus propios instintos.
Toda actividad humana es autoexpresión. Nadie puede dar lo que no lleva en sí mismo. Cuando hablamos, o escribimos, o caminamos, o comemos, o amamos, estamos expresándonos. Y este yo que expresamos, no es otra cosa que la vida instintiva, con sus dos fecundas válvulas de escape: el instinto de poder y el instinto sexual.
Consideremos la estupidez aguda y temporaria que es fruto de la vergüenza. El sentimiento de vergüenza es más intenso y más frecuente durante la pubertad. Arraiga en la sexualidad, y responde al hecho de que la madurez sexual resulta cada vez más evidente. El ego, educado para negar u ocultar esta situación, siente que, sea cual fuere la actitud que adopte (hablar, caminar, etc) siempre está expresando lo que, precisamente, se le ha enseñado a ocultar. De este modo, se crea una situación en virtud de la cual el adolescente no puede expresarse. Es decir, el sujeto no quiere hacerlo. Hay un violento choque entre el deseo y la realización, entre la voluntad y las fuerzas deformadoras. En la mayoría de los casos triunfa la represión. La derrota del deseo y la voluntad aparecen como expresión de la “estupidez”. La risitas de las muchachas, el paso vacilante y torpe de los adolescentes, las extrañas contradicciones de la conducta de aquellas y de éstos, son las consecuencias de este conflicto.
Durante el desarrollo del ser humano, el constante esfuerzo por obtener poder, la vergüenza subconsciente ante su propio egocentrismo, y la estupidez aguda y temporaria que esta vergüenza provoca, surgen con caracteres cada vez más destacados. Sea cual fuere el centro de la actividad individual, el hombre aspira a destacarse del resto. Al mismo tiempo, teme que su intención sea evidente…ó demasiado evidente. Procura ocultarla, pero le inquieta la posibilidad de que sus esfuerzos por disimularla fracasen, ó de que se frustre por su propia ambición. Por eso en muchos casos se abstiene de actuar (estupidez pasiva) ó actúa erróneamente (estupidez activa).
Si este sentimiento de vergüenza se torna crónico, también la estupidez se convierte en condición crónica. Con el tiempo, el hombre olvida que su estupidez no es más que un desarrollo secundario; siente como si su condición fuera la de un “estúpido nato”. A medida que la estupidez lo envuelve, y que se resigna a ella, le es cada vez más difícil adquirir conocimientos, y la ignorancia se suma a la estupidez, de modo que un par de anteojeras se le agrega al otro.
Por consiguiente, la estupidez es esencialmente miedo, nos dice el Dr. Feldmann.
Es el temor a la crítica; es el temor a otras personas; es el temor al propio yo.

jueves, 3 de septiembre de 2009

de Miguel Hernández Gilabert (1):

Miguel Hernández Gilabert
1910-1942
Poeta y Dramaturgo Español
Para la Libertad

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.


Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.


Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.


Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.


Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.


MIGUEL HERNÁNDEZ, El hombre acecha, (1938-39)

de Miguel Hernández Gilabert (2):

Miguel Hernández Gilabert
1910-1942
Poeta y Dramaturgo Español
Pueblo Blanco


Colgado de un barranco
duerme mi pueblo blanco,
bajo un cielo que a fuerza
de no ver nunca el mar,
se olvidó de llorar.


Por sus callejas de polvo y piedra
por no pasar, ni pasó la guerra,
sólo el olvido camina lento
bordeando la cañada,
donde no crece una flor
ni trashuma un pastor.


El sacristán ha visto
hacerse viejo al cura,
el cura ha visto al cabo
y el cabo al sacristán,
y mi pueblo después
vio morir a los tres,
y me pregunto: porqué nacerá gente
si nacer o morir es indiferente.


De la siega a la siembra
se vive en la taberna,
las comadres murmuran
su historia en el umbral,
de sus casas de cal.


Y las muchachas hacen bolillos
buscando, ocultas tras los visillos,
a ese hombre joven
que noche a noche forjaron en su mente,
fuerte para ser su señor
y tierno para el amor.


Ellas sueñan con él
y él con irse muy lejos,
de su pueblo y los viejos
sueñan morirse en paz,
y morir por morir
quieren morirse al sol,
la boca abierta al calor, como lagartos
medio ocultos tras un sombrero de esparto.


Escapad gente tierna
que esta tierra está enferma,
y no esperéis mañana
lo que no te dio ayer,
que no hay nada que hacer.


Toma tu mula, tu hembra y tu arreo,
sigue el camino del pueblo hebreo
y busca otra luna,
tal vez mañana sonría la fortuna
Y si te toca llorar,
es mejor frente al mar.


Si yo pudiera unirme
a un vuelo de palomas,
y atravesando lomas
dejar mi pueblo atrás,
juro por lo que fui
que me iría de aquí,
pero los muertos están en cautiverio
y no nos dejan salir del cementerio.